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Sobre Elena Garro y su obra

 

Hay obras que en algún momento anticipan la realidad que se va a producir. 

1984 de George Orwell es un ejemplo de esa anticipación.

 

Hay otras que no se adelantan a ella en un momento preciso sino que van siempre por delante de lo real en un  relato que sintetiza el presente en una suerte de “orgía perpetua”.  La obra de la mexicana Elena Garro pertenece a esa dinastía exquisita.  Lo que estamos leyendo ocurrió y sigue ocurriendo en ese territorio intangible donde se mueven las raíces de la identidad.  Asomarse a su literatura equivale a palpar el México de ahora,  de después y de siempre.  Una de sus novelas más míticas lo dice todo en su título: “Recuerdos del Porvenir”. 

 

Elena Garro ha sido objeto de una injusticia histórica,  de una suerte de complot del poder macho que la convirtió en una exiliada: no la perseguían por sus ideas políticas sino por la lucidez con la cual desnudó la hipocrecia de las cómodas izquierdas urbanas y, al mismo tiempo, los secretos de ese México profundo, injusto y trágico que esas mismas izquierdas sólo conocían a través del espejo moral e ideológico que las caracterizó y que aún las define. Llenas de valores pero vacías de experiencia, de confrontación con los enigmas fatídicos de la condición social y humana de México.

 

Elena Garro no necesita que la reivindiquen ni que se corrija la infinita serpentina de frivolidades y calumnias con las que la historiografía pretendió aislarla: con leerla es suficiente. Su literatura es un llamado imperioso: “México presente”. 

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Aunque se la lea en alemán, japonés o francés, el lector no tarda en ser capturado por lo que únicamente ella fue capaz de captar y restituir en sus libros con una concisión inédita :la voz del tiempo íntimo de un país, esa matriz impalpable que recorre la identidad de todas las naciones de la tierra. No era indigenista pero esos páramos que el oficialismo sólo promueve como atracción turística hablan y respiran en sus obras como si fuese un invitado a nuestra mesa. Las injusticias, el racismo blanco, las expoliaciones, la marginación, los conflictos del Estado de Guerrero  y la belleza del México inmortal trepan por las columnas de su obra. Leerla es leer a la vez lo que ha sido y lo que es.

 

Las narrativas patentadas del México macho hicieron de ella una traidora, una espía del PRI, una mala esposa de Octavio Paz, una conservadora entre tribus urbanas con sello de progresistas, una señora inestable, cambiante. La exiliaron corporal y metafísicamente. Era mujer en un imperio de machotes arrogantes.

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Se podrían escribir varias biografías como si fuesen piezas de una instrucción judicial tanto a favor como contra ella. Entre ambas, persiste sin embargo su obra: integra, condensada, orgullosamente insolente y con una estatura estética y un compromiso humano que pocos autores pueden reivindicar.

 

Vayamos entonces de viaje por México, por el amor, la tierra, la felicidad y la tragedia: atravesemos con sus novelas y cuentos las murallas del tiempo.

Ahora, después y siempre.

Su obra es un presente que empezó hace mucho. 

© 2018 · WS 

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